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MI COLUMNA VERTEBRAL: Un drama con huevos

Publicado por en Sep 2nd, 2010 Puedes saltar al final y dejar un comentario.

Por Armando Caicedo

¡Qué conmoción esto de la separación familiar!

(Aclaro: No me refiero al drama de las familias  indocumentadas, pues a ese tema jamás le darán primera página).

El drama que ahora nos conmociona proviene de la aparición de unos huevos contaminados.

(Los noticieros les han dado tratamiento de “huevos indocumentados”. Y digo “indocumentados”, porque son unos huevos sospechosos, que nadie sabe de dónde vienen).

Incluso los mismos huevos desconocen su origen por una razón: fueron separados de su madre al momento de nacer.

Es que la industria avícola se ha mecanizado a tal punto, que la pobre gallinita aletea, puja, cacarea,  y ¡pum! deposita su huevo… pero antes que la madre dé media vuelta, el huevo se lo ha llevado una banda.

(No se trata de una “banda de secuestradores de huevos”, sino una banda mecánica que lleva los huevos al refrigerador donde los almacenan).

¿Cómo diablos va a saber después, el gélido huevo, quién es su madre, si no lo dejaron ni un segundo calentarse en su regazo y, de encime, todas las gallinas cacarean igual?

Ahora que este caso de los huevos de Iowa se convirtió en un tema de “seguridad nacional”, sugiero organizar una operación similar a la que montó la señorita Condoleeza, con lo de “Iraqi Freedom”, bautizándola “Freedom Eggs”.

Así detenemos a todos los huevos sospechosos y los deportamos a Guantánamo.

Allí se montan carpas para 500 millones de huevos y se les somete a duros interrogatorios hasta que canten.

Desconozco si un huevo que se consuma entre agua, “canta”. Lo cierto es que no hay que abusar, porque si se consumen los huevos en agua caliente (método de interrogatorio que los organismos de inteligencia denominan: (“al baño de Maria”)., pues los huevos se ponen duros, y un “huevo cocinado” es muy duro que hable.

Otra operación -ejecutada por el ICE- consistiría en realizar una redada en los gallineros sospechosos. Los agentes llegan al sitio donde las gallinas chambean y ¡Sorpresa! piden papeles.

En seguida les vendan los ojos a aquellas aves de apariencia indocumentada y las llevan hasta un asadero de pollos peruano, donde siempre hay unas gordas gallinas encueradas (o desplumadas). que dan vueltas en un carrusel. Antes de quitarles la venda, se les informa sobre sus derechos y se les hace firmar un documento en español (no conozco gallinitas bilingües). donde las emplumadas reconocen que se les violó todo, menos sus derechos.

Cumplidos los trámites, se les quita la venda. Ante semejante visión que les recuerda el infierno de las gallinas ¡Ay! -cacarean todas en coro- y de inmediato sueltan el pico.

(Recomiendo contratar intérpretes para saber qué dicen las gallinas).

Otra campaña preventiva, les enseñaría responsabilidad a los gallos.

Los investigadores aseguran que los huevos no son culpables de la contaminación. Sus trabajadoras madres, tampoco. ¿Serán los pícaros gallos los responsables?

La campaña consistiría en distribuir preservativos entre los gallos, para evitar la transmisión de “salmonella” a los inocentes huevos.

Finalmente, sugiero adelantar una campaña de educación sexual en el gallinero:

Primero, convenceríamos a las pollas que se mantengan vírgenes hasta llegar al gallinero.

Segundo, educamos a gallos y gallinas sobre la conveniencia de la fidelidad.

Y tercero, no más promiscuidad. ¿Que un afortunado gallo sirva a tres docenas de gallinas? ¡Basta! Ahora se compra un gallo para cada gallina y se les hace jurar fidelidad recíproca, hasta que “la cadena de comidas rápidas KFC” los separe.

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