
Voluntarios que participaron en un estudio sobre el avance en la mujer del riesgo de la infección con el VIH, asisten a una reunión en el Centro para la investigación del SIDA en Sudáfrica con científicos que trabajan en dos comunidades devastadas por el SIDA.
VIENA. Algunos de los principales expertos en SIDA del mundo emitieron un manifiesto radical en la 18va Conferencia Internacional sobre SIDA: Declararon que el combate a las drogas era un fracaso desde hacía 50 años y se pronunciaron por abandonarlo.
Nadie los oyó
Oficialmente, el tema de la reunión sobre SIDA, la mayor reunión de salud pública en el mundo, es la necesidad de atacar la epidemia que va creciendo a grandes pasos entre adictos en Europa Oriental, Rusia y Asia. Sin embargo, los esfuerzos de los organizadores por captar publicidad para la Declaración de Viena, que se pronuncia a favor de evitar el arresto de usuarios de drogas y ofrecer agujas limpias, metadona y tratamiento si tienen SIDA, no han llegado a nada. Aquí, casi nadie habla sobre el combate a las drogas.
Más bien, a todos les preocupa que el combate al SIDA se esté desmoronando. Los recursos de donadores se están evaporando en la recesión, y, al parecer, es probable que tan sólo un tercio de las 33 millones de personas infectadas en el mundo vaya a tener alguna esperanza de tratamiento.
Funcionarios del Fondo Mundial de Combate al SIDA, Tuberculosis y Malaria dicen temer que no se acerquen al objetivo de 17,000 millones de dólares que fijaron para su próxima reunión de donadores, en septiembre.
Muchos activistas responsabilizan a la administración Obama, que está modificando sus prioridades hacia la salud materna e infantil. Es así como el Arzobispo Desmond Tutu criticó al Presidente Barack Obama en un artículo de opinión publicado en el New York Times.
Sin embargo, un nuevo informe de la Fundación de la Familia Kaiser muestra que Estados Unidos sigue dando más para ayuda en contra del SIDA que todos los demás países tomados en conjunto, con 58% de las contribuciones. Sus donaciones aún están subiendo ligeramente, en tanto las de Europa, Canadá, Japón y Australia no presentan cambios o están descendiendo.
La Declaración de Viena es apenas la segunda vez que la Sociedad Internacional del
SIDA emite un documento de esta naturaleza. El último fue la Declaración de Durban del 2000, que reafirmó que el VIH era la causa del SIDA.
Fuera de África, casi un tercio de todas las infecciones por VIH tienen su origen en inyecciones de drogas.
La declaración arguye que el arresto de los usuarios de drogas los obliga a ocultarse, diseminando la epidemia. Respalda “enfoques de salud pública fundamentados en la ciencia” probados en estudios clínicos, lo cual puede incluir cambios de agujas limpias, programas de recuperación de 12 pasos y metadona.
El Dr. Evan Wood, experto en política del SIDA por la Universidad de Columbia británica y el autor principal de la declaración, citó el enfoque de Portugal. Con base en informe de 2009 por parte del liberal Instituto Cato, en la década transcurrida desde que Portugal legalizó la posesión de hasta el equivalente de una dosis para 10 días de cualquier droga para uso personal, incluidas cocaína y heroína, sus índices de SIDA se redujeron por la mitad, descendieron marcadamente las muertes por sobredosis, muchos ciudadanos buscaron tratamiento, se redujo el consumo entre jóvenes y no se desarrolló un turismo de drogas. Dicho instituto se refirió a la política como “un éxito contundente”.
La declaración está enfocada mayormente a países de la ex Unión Soviética. En Rusia, por ejemplo, está infectada cerca de uno por ciento de la población adulta.
No obstante lo anterior, el país prohíbe todo tipo de tratamientos con metadona, al tiempo que el plan nacional de salud ofrece sólo la desintoxicación abrupta, que tiene un alto índice de fracaso. Las víctimas más frecuentes –prisioneros y personas que no viven en sus áreas asignadas de residencia– son lo que menores probabilidades tienen de recibir fármacos para el SIDA, en tanto activistas afirman que los precios de éstos son aumentados enormemente e inflan los precios de medicamentos que donadores extranjeros compran a bajos precios.
“El gobierno dice que todo está bien”, comentó Aleksandra Volgina, de 31 años de edad, la líder de Vela, organización rusa del SIDA con sede en San Petersburgo. “Incluso somos donadores del Fondo Global, pero no tenemos tratamiento; ni siquiera tenemos prevención”.
Ella se ha mantenido lejos de la heroína gracias a un programa de 12 pasos que su familia pagó, dijo, pero cada mes teme que la farmacia no tenga los tres fármacos que necesita, y algunos de sus amigos han muerto por falta de ellas.
“Se está silenciando lo que ocurre en Rusia”, dijo. “Ni siquiera puedes tocar a la puerta del Ministerio de Salud”.
Nadie del gobierno ruso se presentó a la conferencia, informaron patrocinadores.
Sólo dos gobiernos reaccionaron a la declaración: Canadá, que la rechazó, y Georgia, cuya primera dama la firmó en una ceremonia pública. La diminuta ex república soviética tiene una historia de brutal tratamiento hacia los drogadictos, dijo
Wood. Sin embargo, también ha empezado a desafiar a Rusia, en contra de la cual peleó una breve guerra en 2008.
Casi todo funcionario estadounidense de alto nivel se negó a discutir la declaración. Un oficial, quien habló bajo la condición del anonimato, dijo que el Embajador Eric Goosby, el coordinador mundial de SIDA por la Administración, anunció en fecha reciente que los países que reciban ayuda estadounidense para el combate del SIDA podrían usarlo para comprar agujas nuevas para adictos, lo cual marca un cambio respecto de la política de la administración Bush.
La Dra. Nora D. Volkow, directora del Instituto Nacional sobre Abusos de Drogas, dijo que ella personalmente estaba de acuerdo con la premisa de la declaración.
“La adicción es una enfermedad cerebral. Yo soy científica. La evidencia demuestra inequívocamente que criminalizar al abusador de drogas no resuelve el problema. Me opongo con firmeza a la legalización de drogas o al narcotráfico. Sin embargo, yo no arrestaría a una persona adicta a las drogas. La enviaría a tratamiento, no a la cárcel”.
Dra. Nora D. Volkow








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