Francisco Puñal Suárez
El arte tiene muchas aristas, todo depende del ángulo en que se mire –dice Teresa Pons, escultora y pintora norteamericana, de origen latino, cuya obra está llena de belleza y elegancia.
En su amplio curriculum, Teresa, cuyo nombre artístico es TPons, hay que destacar la creación de la escultura que se entregaría del 2001 al 2005, como reconocimiento a figuras de prestigio internacional invitadas al Festival Anual de Ballet de Miami que se celebra en esa ciudad del sur de la Florida.
Pero comencemos por el principio. Es en 1990, en su ciudad natal de la Habana, de su amada Cuba, cuando Teresa esculpe sus primeras esculturas en cerámica, gracias a la orientación y el apoyo del escultor Pedro Pulido y su señora Asela González. Su sueño infantil se hacía realidad.
Al viajar a Barcelona, en 1995, con su hija Yolanda, para reencontrarse con su esposo, el compositor musical Daniel Longres, autor de numerosas bandas sonoras de filmes animados, Teresa descubrió el legado del arquitecto Antoni Gaudi (1852 – 1926), máximo representante del modernismo catalán, quien integró en su obra, trabajos artesanales como la cerámica, vidriería, forja de hierro, carpintería, etc. Gaudí -dice Teresa- le aportó una perspectiva diferente a mi obra. En esa etapa hago esculturas en barro que por su tamaño, necesitaban hornos grandes y contacté con una empresa que estaba en el pueblo de Sant Just Desvern y se dedicaba a fabricar tejas de barro. Así comiencé a esculpir y a exponer mis primeras obras en la ciudad de Barcelona.
En 1999 toda la familia se traslada a Miami, donde comienza una nueva etapa.
En el 2001, invitada por Pedro Pablo Peña, director artístico del Festival de Ballet, TPons hace la primera escultura para la conocida bailarina italiana Carla Fracci; y a partir del 2002 hasta el 2005, otros intérpretes como el francés Jean Babilée; Ekaterina Maximova y Vladimir Vassiliev de la mundialmente reconocida escuela del Teatro Bolshoi de Moscú; el bailarín y coreógrafo norteamericano Edward Villella, y el húngaro Paul Szilard, reciben su nueva estatuilla en bronce, intitulada «Una vida por la danza».
La creación de esta escultura –afirma Teresa- y de otras realizadas posteriormente, toman la madurez y la esbeltez de lo más recóndito de la danza, cada escultura es única, la realizo primeramente en cerámica para poder lograr lo que siempre busco: el contacto directo con la tierra; ella me comunica su dulzura y a su vez su fuerza; ella deja que mis manos den la forma que mi inconsciente está buscando,…luego paso al taller de fundición donde la magia termina su ejecución.












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Conozco las obras de ella, son fabulosas, tanto en sus esculturas, como en sus pinturas,muchas Felicidades por tan merecido reconocimiento,
Felicidades Teresita