Francisco Puñal Suárez
Cuando entras en su página http://andrescasciani-
caricaturas.blogspot.com/ lees lo siguiente: Andrés Casciani. Nací en Mendoza, Argentina en 1982. Trabajo como ilustrador, hago grabados, pintura e historietas. Los trabajos tienen que hablar por si mismos.
Y cuando te sumerges en la obra pictórica de este artista visual, te das cuenta de su inmensa imaginación y su capacidad expresiva para centrarse en la figura humana, pero también en la fuerza “abstracta” de las texturas, las manchas, y los planos de sus dibujos. Y admiras su gran nivel de observación, tanto de posturas, gestos y facciones, como del universo en el que habitamos constantemente.
Y es que para Andrés, como bien expresa su compatriota Luis Scafati, dibujar es una pasión, en sus figuras late algo trágico, violento, y sus dibujos, elaborados con la urgencia y desparpajo que nutre su juvenil energía, son una explosión, un volcán en plena erupción.
Licenciado en Artes Visuales en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, Andrés también recibió clases en los talleres de O. Chiavazza, G. Alfaro y M. Marchese, y hoy combina el trabajo editorial con el de atelier artístico , en el que realiza obras en soportes mayores, con técnicas como acrílico y grabado, para galerías y museos.
Con seis exposiciones individuales y más de veinte colectivas, Casciani publica sus ilustraciones y caricaturas en el Diario El Sol de Mendoza, y también, en otros medios (digitales e impresos) de Argentina, Chile, Brasil, México, Irlanda y España.
La visión humorística y exagerada que propone la caricatura –dice Andrés- es un buen punto de partida para explorar las formas y su exacerbación. En la que hice sobre el actor Phillip Seymour Hoffman, usé el medio digital para crear esa “luminosidad perturbadora” que percibo en el carácter del actor. He tratado de exagerar esa combinación entre dulzura infantil y fuerza dramática que me parecen esenciales en su estilo.
El sentido del humor –afirma Andrés -es vital para la supervivencia, ante tanto sinsentido y trágicas injusticias. El humor y la sátira siempre nos recuerdan que no hay que tomar tan en serio a nada ni a nadie, y lo relativo de todo poder y todo canon de “belleza”, que intentan imponernos los medios.












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