El estado de Nueva York tomó una decisión poderosa, basada en principios, al otorgarles a todas las parejas el derecho a casarse y gozar de los derechos legales del matrimonio. Es un momento de orgullo para los neoyorquinos, miles de los cuales salieron a las calles el domingo, 26 de junio, para celebrar este paso hacia adelante.
Sin embargo, este momento no borra los prejuicios contra los gays y las lesbianas, consagrados en la ley federal de defensa del matrimonio, por la cual se niega el reconocimiento federal a los matrimonios del mismo sexo y permite que cualquier estado se niegue a reconocer las uniones efectuadas en otro estado.
Aunque hubo un secreto innecesario en torno a las negociaciones sobre este asunto, el gobernador Andrew Cuomo hizo un esfuerzo decidido para lograr la igualdad matrimonial en Nueva York. Comparte el crédito con cuatro senadores republicanos del estado que se rebelaron contra su partido y las amenazas de conservadores para hacer lo que sabían que era correcto. Los senadores estatales James Alesi, Roy McDonald, Mark Grisanti y Stephen Saland, todos de distritos del norte del estado de Nueva York, merecen el apoyo de sus comunidades. Mostraron el tipo de fortaleza que es extremadamente difícil encontrar en la política de hoy día.
No obstante, al elaborar el borrador de un compromiso, Saland y otros republicanos insistieron en usar un lenguaje para forjar excepciones para instituciones religiosas y corporaciones sin fines de lucro afiliadas a dichas entidades religiosas. Esa disposición permite que esas entidades exentas de pagar impuestos se nieguen a casar a una pareja del mismo sexo, o a permitir el uso de sus edificios o servicios para bodas o banquetes matrimoniales. Simplemente, no había necesidad de esas exenciones, ya que las iglesias están protegidas por la Constitución federal y las leyes de Nueva York para que no se les ordene a casar a nadie cuando ello vaya en contra de sus creencias.
Igual de inquietante es que pareciera que una “cláusula de inseparabilidad” en la ley hace imposible que cualquier tribunal invalide parte de la misma sin invalidarla toda; lo cual plantea interrogantes en cuanto a qué sucede con las parejas durante una apelación.
Aunque algunos defensores de los derechos civiles son optimistas debido a que estas disposiciones son relativamente menores, nos preocupa muchísimo su intención discriminatoria. Todo el propósito de esta ley debería ser la expansión de los derechos civiles sin deshacerse de otras protecciones en el proceso.
La ley de igualdad matrimonial fue un final tan poderoso en el periodo de sesiones de la legislatura de este año que podrían quedar relegadas una cuantas normas importantes a notas a pie de página.
Este periodo de sesiones de la legislatura se recordará por la aceptación del matrimonio del mismo sexo por parte de Nueva York, lo cual es un hito en la lucha nacional por esta libertad fundamental.
Otros cinco estados, junto con el Distrito de Columbia, permiten que se casen parejas del mismo sexo. Sin embargo, más de tres docenas de estados definen al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Para los gays y las lesbianas, aún continúa la batalla por liberarse de la discriminación.








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